Quiero contarles un poco acerca de quién soy y cómo terminé siendo Fertility Coach.  Ahora es muy sencillo ver hacia atrás y entender para qué … pero el proceso de llegar hasta acá no fue para nada fácil.

Hace unos 14 años decidí junto con mi pareja que queríamos formar una familia y como todos nuestros amigos simplemente empezamos a tratar.  En ese momento trabajaba en una multinacional que me demandaba horas interminables de trabajo, estrés y viajes.  Me di cuenta que ese ritmo de vida y tener hijos no iba a ser muy compatible con lo que yo quería, cambié mi trabajo y me concentré en el proyecto de tener un hijo, ya que no estaba sucediendo tan pronto como yo quería.

Pasaba el tiempo y los meses y el estrés iba en aumento.  Hasta que después de un año decidimos consultar a un especialista y ahí inició uno de los retos más grandes que he tenido en mi vida.  Horas de esperar en el consultorio del doctor, exámenes de todo tipo, tratamientos, inyecciones, farmacias, gastos, terminología que antes ni conocía, pero sobre todo emociones que me dejaban en un mal lugar.  Me sentía sola, que mi cuerpo me estaba fallando, que le fallaba a mi esposo, era el primer problema que enfrentaba y no sabía como llegar a la solución. Y durante un año mi vida fue de altos y bajos constantes, y lo único que importaba es si cada 28 días tenía o no esa gotita de sangre donde toda la esperanza se derrumbaba … Ese año, pasé por 4 inseminaciones, una laparoscopía para la endometriosis y 5 meses en una menopausia forzada … Fue un alto precio para mi cuerpo envuelto en estas hormonas que eran manipuladas por las inyecciones, pero al fin valió la pena el día que obtuve un resultado positivo … mi primer embarazo, hoy mi hijo de 13 años.

 

Pasó el tiempo y queríamos una familia más grande, e inició todo de nuevo. Excepto que esta vez mi cuerpo decidió que no iba a reaccionar muy bien a las hormonas y a las estimulaciones … esta vez con un poco más de espacio y descanso entre cada tratamiento pasé por otras 3 inseminaciones y como nada sucedió decidimos optar por una fertilización in vitro en Colombia. Un proceso aún más demandante donde recuerdo llegar al laboratorio para que me tomaran las muestras de sangre cada 3 días y donde la Dra. me decía ya no le encuentro venas … y finalmente me fui a Colombia únicamente con 7 folículos listos, de los cuales sólo pudieron extraer 5, de los cuales 3 eran viables y sólo 1 se fecundó a pesar de utilizar ICSI en todos … y ese 1 es mi otro hijo de 9 años.

Fueron casi 6 años de vivir en una montaña rusa, de largas búsquedas por internet, de rezar y pelearme con Dios, de preguntarme por qué a mí y qué había hecho malo para que me sucediera esto, de sentir que todas las mujeres a mi alrededor estaban embarazadas y no tenía nadie con compartir mis sentimientos, de llorar con mi esposo y sentirle que le había fallado, de perder la espontaneidad en nuestra intimidad y sentir que el médico dictaba cómo, cuándo y a qué hora, de sentirme triste, sin esperanza y llorar enfrente de una computadora  … y a la vez ver a mi pareja estar ahí, ver el milagro de la vida en el momento que nacieron nuestros hijos y ver como los familiares y amigos con las mejores intenciones trataban de ayudar ….

En mi segundo embarazo empecé a practicar yoga, y fue el primer momento desde hacía muchos años que logré conectarme con mi cuerpo, finalmente podía relajarme y encontrar ese espacio para mí.  Logré integrar mi cuerpo, mi mente y mi espíritu … y pensaba cómo el yoga me hubiera ayudado en el proceso de quedar embarazada, me daba paz y me dejaba ver opciones.  Seguí con mi práctica de yoga, mi maestra en algún momento sugirió que me certificara como profesora y no estaba muy segura … me fui de vacaciones con mi esposo a celebrar nuestro aniversario y recuerdo que me preguntaba será para mí o no y en ese momento abrí una revista y lo primero que me encontré fue un anuncio que decía “Curso de Yoga para Fertilidad, para maestros certificados” y ahí entendí para qué había pasado todo esto en mi vida … Ahí entendí que era para poder acompañar a miles de mujeres en su proceso, para que no se sintieran solas, que tuvieran una persona con quien conversar que entendiera realmente por lo que pasaban

Y así fue como pasé de gerente financiera de una multinacional a Maestra de Yoga, con varios cursos de yoga para fertilidad, a estudiar con psicólogas especializadas en la conexión mente y cuerpo con parejas con temas de fertilidad y finalmente como Coach para tener esquemas para empoderar y acompañar a las mujeres en este camino.

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